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“DE LO QUE EL CURA Y EL BARBERO PASARON
CON DON QUIJOTE CERCA DE SU ENFERMEDAD”


El cual (el cura), gustando de oírle decir tan grandes disparates, le preguntó qué sentía acerca de los rostros de Reinaldos de Montalbán y de don Roldán, y de los demás doce pares de Francia, pues todos habían sido caballeros andantes.

—De Reinaldos —respondió don Quijote— me atrevo a decir que era ancho de rostro, de color bermejo, los ojos bailadores y algo saltados, puntoso y colérico en demasía, amigo de ladrones y de gente perdida. De Roldán o Rotulando o Orlando, que con todos estos nombres le nombran las historias, soy de parecer y me afirmo que fue de mediana estatura, ancho de espaldas, algo estevado, moreno de rostro y barbitaheño, velloso en el cuerpo y de vista amenazadora; corto de razones, pero muy comedido y bien criado.

—Si no fue Roldán más gentilhombre que vuestra merced ha dicho —replicó el cura—, no fue maravilla que la señora Angélica la Bella le desdeñase y dejase por la gala, brío y donaire que debía de tener el morillo barbiponiente a quien ella se entregó; y anduvo discreta de adamar antes la blandura de Medoro que la aspereza de Roldán[7].

—Esa Angélica —respondió don Quijote—, señor cura, fue una doncella destraída, andariega y algo antojadiza, y tan lleno dejó el mundo de sus impertinencias como de la fama de su hermosura: despreció mil señores, mil valientes y mil discretos, y contentose con un pajecillo barbilucio, sin otra hacienda ni nombre que el que le pudo dar de agradecido la amistad que guardó a su amigo[8]. El gran cantor de su belleza, el famoso Ariosto, por no atreverse, o por no querer cantar lo que a esta señora le sucedió después de su ruin entrego, que no debieron ser cosas demasiadamente honestas, la dejó donde dijo:

Y como del Catay recibió el cetro,
quizá otro cantará con mejor plectro.
[9]

Y sin duda que esto fue como profecía; que los poetas también se llaman vates, que quiere decir «adivinos». Vese esta verdad clara, porque, después acá, un famoso poeta andaluz lloró y cantó sus lágrimas, y otro famoso y único poeta castellano cantó su hermosura[10].

—Dígame, señor don Quijote —dijo a esta sazón el barbero—, ¿no ha habido algún poeta que haya hecho alguna sátira a esa señora Angélica, entre tantos como la han alabado?

—Bien creo yo —respondió don Quijote— que si Sacripante[11] o Roldán fueran poetas, que ya me hubieran jabonado a la doncella; porque es propio y natural de los poetas desdeñados y no admitidos de sus damas fingidas (o fingidas, en efeto, de aquellos), a quien ellos escogieron por señoras de sus pensamientos[12], vengarse con sátiras y libelos (venganza, por cierto, indigna de pechos generosos)[13]; pero hasta agora no ha llegado a mi noticia ningún verso infamatorio contra la señora Angélica, que trujo revuelto el mundo.

—¡Milagro! —dijo el cura.

Y en esto, oyeron que la ama y la sobrina, que ya habían dejado la conversación, daban grandes voces en el patio, y acudieron todos al ruido.

(Pasaje de: Miguel de Cervantes Saavedra. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha., edición de Florencio Sevilla Arroyo, parte II capítulo 1 final)

Notas:

[7] El poema de Ariosto Orlando furioso tiene como elemento nuclear, aunque hay muchos otros, la preferencia de Angélica por Medoro, un joven y débil soldado musulmán al que encontró herido en medio de un bosque. El fuerte y temible Orlando, que estaba enamorado de la protagonista, enloqueció de celos al tener noticia de estos amores.

[8] Parece que don Quijote quiere subrayar que, frente a las hazañas, títulos y bienes de otros pretendientes, Medoro solo podía ostentar la fama que pudo conseguir por haberse empeñado en rescatar el cadáver de su amigo Dardinel de Almonte.

[9] Traducción y adaptación de los versos del canto 30 de Orlando furioso: «e de l’India a Medor desse lo scettro,/ forse altri canterà con miglior plettro». Recuérdese que Cervantes citó este último verso para cerrar la Primera parte del Quijote.

[10] Se refiere a Luis Barahona de Soto, autor de Las lágrimas de Angélica (1586), y a Lope de Vega, que compuso La hermosura de Angélica (1602).

[11] Sacripante, rey de los circasianos, es uno de los caballeros musulmanes que aparecen en la saga de los Orlandos. Al igual que Orlando o Roldán y tantos otros caballeros, fue rechazado por Angélica.

[12] El texto es oscuro (quizá esté deturpado) y se ha puntuado e interpretado de mil maneras, algunas ciertamente atrevidas y arriesgadas. Tal y como lo hemos editado, podría significar: «los poetas desdeñados y no admitidos por sus amadas, que se fingen damas (o que ellos las imaginan como si lo fueran), a quienes ellos…».

[13] Podría verse en estas palabras una alusión a Lope de Vega, que fue procesado por calumniar a Elena Osorio y su familia.

Portada de la segunda parte del Quijote

Comentario del pasaje:

Empezamos este recorrido por la segunda parte del Quijote con el pasaje final del primer capítulo. 

El título de la segunda parte es ligeramente diferente al de la primera parte: “DEL INGENIOSO CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA” en vez de “EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”; también la dedicatoria es diferente, la Primera parte se dedica al Duque de Béjar y la segunda al Conde de Lemos. A pesar de ello, o quizás para evitar dudas, se indica explícitamente que el autor es el mismo que el de la primera parte. 

Si habéis leído “Ladrones de Tinta” de Alfonso Mateo-Sagasta, ya sabéis todo sobre la segunda parte apócrifa del Quijote escrita por un tal Alonso Fernández de Avellaneda. En el prólogo al lector de esa segunda parte, Don Miguel de Cervantes Saavedra nos confía su suspicacia o su certitud sobre el personaje que se esconde detrás del nombre Avellaneda y nos desvela sus sentimientos antes de este sacrilegio.

El editor Francisco de Robles, que con la primera parte contó con un éxito inesperado para la época, llevaba mucho tiempo esperando que Cervantes escribiera su segunda parte para que el éxito se repitiera. El hecho de que Avellaneda escribiera su Quijote apócrifo, hizo que Cervantes acelerara la escritura de su segunda parte, que en cualquier caso habría escrito como lo da a entender en una supuesta tercera salida de don Quijote con dirección a Zaragoza en el último capítulo de la primera parte. Sin embargo, la publicación del Quijote de Avellaneda provocará cambios y referencias que enriquecerán y darán originalidad a la segunda parte del libro.

En la primera parte la narración de las aventuras del “caballero andante” se interrumpe en varias ocasiones por la inserción de novelas cortas de diferentes géneros. En la segunda parte, la narración es rectilínea, no hay inserciones ni interrupciones, y el estilo gana en expresividad. Es una excepción a la regla de que las segundas partes nunca fueron buenas. En este caso supera con creces y en muchos aspectos la anterior.

Además de ser un prólogo a la tercera salida de Don Quijote, este primer capítulo sirve a establecer una clara continuación con el final de la primera parte, en cuyo capitulo final, Don Quijote herido y cansado por su última aventura vuelve a casa para descansar y preparar una nueva salida, esta vez apremiado por Sancho muy satisfecho de sus precedentes andanzas.

En el extracto que os propongo Don Quijote sigue demostrando un discreto conocimiento de la caballería andante y de sus personajes, lo que preocupa a sus visitas, el barbero y el cura, que deducen del discurso de Don Quijote que éste no se ha recuperado todavía de la locura, aunque su ama y su sobrina  les hubiera referido lo contrario. 

En estos párrafos se habla en particular del “Orlando” del Ariosto, es decir, de Roldán y de Angélica, las descripciones son deliciosas. Se cita el Orlando Furioso con un verso (adaptación del canto 30 de Orlando furioso: «e de l’India a Medor desse lo scettro,/ forse altri canterà con miglior plettro») utilizado para cerrar la primera parte:

Y como del Catay recibió el cetro,
quizá otro cantará con mejor plectro.

El capítulo termina al estilo de un “thriller moderno” con un hecho nuevo y llamativo que te empuja a leer el próximo episodio.

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