Etiquetas

, , , , , ,

Pues se nos ha pasado la semana sin noticia del “polvo enamorado” de D. Miguel, donde quiera que esté. Será que nos reserva, el gran trafullero, otra de sus sorpresas y sólo se dejará ver el próximo 23 de abril o en otra señalada fecha, como la del día de su muerte de 2016, por ejemplo.

La pluma de Cervantes Grabado por Gustavo Doré

La pluma de Cervantes
Grabado por Gustavo Doré

En este soleado viernes de invierno milanés, donde ya no hay frío ni nieblas, para los que niegan el cambio climático, habrá que hacer un barrido por las celebraciones que se le dedican. Y así nos topamos, por poner otro ejemplo, con la www.museocasanataldecervantes.org , en la muy noble villa de Alcalá de Henares, en la que abundan cervantistas de pro y co. Esto habrá que explicarlo. Lo del co, quiero decir.

Les animo, ya que lo lógico es que no puedan desplazarse sobre la marcha, a hacer una visita virtual. Quizá no sea la mejor página web del mundo, pero les puede dar una idea del ambiente cervantino. No vamos a entrar a resolver si es de verdad su casa natalicia real o no. Da igual. En este mundo de fetiches lo único que podemos pedir es que los fetiches sean verosímiles. Y éste lo es. Para los que duden les recomiendo la obra de Mateo-Sagasta, “Ladrones de tinta”, en la que ambienta, con suculenta escatología, el tiempo material y real de la vida de principios del siglo XVII en la otra muy noble villa capital de los Austrias. Hasta hoy. La capitalidad, digo.

Cualquier institución, pública, semipública, privada o semiprivada que se precie, no tiene más remedio que, en estos tiempos de celebraciones, organizar en torno a la figura y la época de D. Miguel celebraciones y más celebraciones. Y la casa museo de Alcalá no podía ser menos. Así pues, programan todo tipo de cosas, más o menos estrafalarias, en torno a la época. Desde la música que estaría de moda en tiempos hasta interpretaciones variadas puestas en escena por comediantes profesionales o por escolares de colegios adyacentes. Todo esto está muy bien. Me imagino la sonrisa desengañada de D. Miguel, o su calavera, si pudiera verlo.

Porque está muy bien esta frenética actividad en torno a un personaje que debería formar parte del santoral de los santos, y que, por defecto, forma parte del santoral civil hispano, como Gaudí, Ortega, Machado o Paco Ibáñez. ¿Incluimos a Ferrà Adrià?

Los ingleses, ¡Dios permita que no les imitemos en nada!, disponen de una “indimenticabile” “Portrait Gallery” en la que documentan, con imagen y texto, las glorias nacionales civiles con detallada precisión para mayor gloria de su Majestad y del mundo sajón. Bueno, a lo mejor les podíamos imitar en algo. Pero sin que se note mucho.

Pero ¿adónde quiero llegar? Pues a que me parece que se hacen muchas cosas en torno a Cervantes pero sin leerlo. No digo ya comprender, que es otra cosa, claro.

Recuerdo que no sé qué egregia institución madrileña puso de moda hace unos años la moda (redundo porque es muy cervantino) de leer el Quijote durante 24 horas seguidas el 23 de abril. ¿Se imaginan asistiendo a semejante peñazo? Hombre, si la lectura corriera a cargo de personajes de prestigio como la tríada capitolina de Belén Esteban, el pequeño Nicolás y la Pechotes, por seguir poniendo ejemplos, imagino que la prensa rosa se volcaría inundando el “couché” de fotos con los momentos más emotivos y el personal de la capital manchega se arremolinaría en torno a los templos del saber académico.

Es una pena que Blecua no siga al frente de la Real Academia, porque estoy seguro que me compraría la idea como estuvo, en su momento, a punto de comprarme que había que enseñar español con Miguel Hernández o Ana Belén en karaoke. Pero eso eran otros tiempos y a este Darío Villanueva, tan serio, concienzudo y atildado, no lo conozco, pero ¿quién sabe? ¿Se imaginan a los ciegos del mercado de Cuzco o de Molina de Segura recitando el Quijote mientras el pueblo llano compra berzas y palomas para la olla podrida?

No se extrañen tanto. En Marrakech, la patria chica de D. Juan Goytisolo, que también y tanto sabe de Cervantes, los ciegos recitan el Corán con cazo en el regazo mientras los paisanos debaten el precio de los abalorios en el mercado. La vida sigue igual. Por cierto, ¿no sería buen canturreador del Quijote Julio Iglesias?

Fuera de bromas. Aquí se trata de leer y comprender. Para llegar a saber más. Como el propio D. Miguel, que al final de su vida sufrió de una hipergrafía monumental gracias a la cual hoy somos mejores, más sabios, más críticos, más irónicos, más escépticos. Por eso sólo creemos en valores que valen para nosotros mismos. Nosotros mismos somos todos los del planeta, por si no me habían entendido.

Déjenme que les diga otra ocurrencia. Nada me haría más feliz que asistir a una buena lectura comentada. ¿Se imaginan a D. Juan Carlos Mestre, otro ejemplo más, premio nacional de poesía, leyendo con su voz poderosa y ultramontana un párrafo del Quijote y dejándole cinco minutos para explicar por qué lo ha elegido, qué es lo que le sugiere, qué ha aprendido de él? Y como a él a tantos otros buenos lectores, comentaristas y exégetas que hay en este país y en otros muchos. No me digan que no les gustaría escuchar un comentario de D. Umberto Eco sobre el Quijote, por seguir con la ristra de ejemplos. ¿Desenterramos a Borges para que nos diga que le gustó en inglés y cuando lo leyó en español le pareció una mala traducción? A Trapiello habría que ponerle una clepsidra junto al micro.

Bueno, se me ocurre que podríamos invitar al embajador Trillo para que nos rememorara lo de “al alba sería…” para evocar el último gran capítulo de reconquistas del ejército español en torno a la isla de Perejil. Pero esto es política, y si la política no la declara un loco como D. Quijote, se convierte en un rollo. Rollo que no es pasto de estas páginas. Prefiero a D. Francisco Rico que, después de su monumental trabajo sobre el Quijote, sería una delicia escuchar un párrafo por él elegido con sus comentarios complementarios sobre este loco jovial, cincuentón, risueño y arrepentido que es D. Alonso Quijano.

Pero así, de verdad, en íntima intimidad, ¿cómo les sonaría Julio Iglesias recitando las excelencias de Doña Dulcinea del Toboso?

Arturo Lorenzo

Anuncios