Como siempre sucede, una vez pasados los centenarios, los clásicos vuelven a su territorio habitual: el olvido. Quizá por eso, con muy buen criterio, pues Cervantes no se acaba nunca, nuestro manager, animador y director del blog “Don Quijote paso a paso”, Jean Claude Fonder, me sugiere que “re-publiquemos” un parte de mis artículos sobre el Quijote aparecida en el blog, con ánimo de mantener siempre viva la llama quijotesca que arde en todos los quijotescos, que son muchos. Y a eso vamos, aún a riesgo de cansar a algunos.

Me propone volver a publicar la segunda parte de mis artículos, es decir la que conocemos como “Don Quijote, cautivo de amor”. Y claro, vanidad de autor ante todo, a mí me parece de perlas. Pero me parece también que para ello sería conveniente explicar algo sobre este peculiar cautivo.

Hace tiempo, ya mucho, una amiga me dijo que con mis artículos primeros sobre Cervantes en el blog parecía un académico. ¿Por qué no escribes algo sobre lo que a ti te ha supuesto personalmente el Quijote?, me dijo. Y de esa pregunta nació este cautivo.

Está muy mal que un autor se explique a sí mismo. No deja de ser un ejercicio de egolatría innecesario e inútil, porque por mucho que uno se explique, otro verá, entenderá o interpretará otra cosa. Pero ya que nuestro director me lo propone, permíteme, amable y paciente lector, que te aburra con mis comentarios sobre el conjunto de artículos que tratan del cautivo de amor.

Lo primero que me parece conveniente señalar es que todo el conjunto de artículos está concebido como un único relato. Es decir, se podría considerar el conjunto como un cuento largo o una novela corta, porque se cuenta una historia, la de un eterno adolescente que en la España proto democrática de finales de los setenta, en una circunstancia y lugar especialmente conflictivos (el Hospital Clínico de Madrid con la madre en apuros de vida o muerte) se empeña en resolver una cuestión eterna, y personal, a través de un libro eterno y universal. Como diría Lucio Dalla muchos años después, el joven se empeña en resolver “che cosa sia questo battito del mio cuore, che cosa sucede dentro”. Problema sin solución que sigue dando mucha guerra.

El conjunto de artículos sobre nuestro cautivo se inaugura con el que lleva por título “El amor en Don Quijote” de abril de 2016. Se continúa con “Amor y lujuria en Don Quijote” y avanza con los artículos siguientes que llevan el nombre genérico de “Don Quijote cautivo de amor”. Lo siento. El nombre se me ocurrió un poco tarde. Sin embargo, desde el principio ya sabía lo que quería contar y a dónde quería llegar. El amable lector juzgará si lo he conseguido o no.

Sí puedo comentar, para seguir echando incienso al autor, que los artículos/cuento/narración tienen una serie de ejes que no querría dejar pasar por alto y que me parecía necesario mantenerlos constantes a través de todo el relato.

Destaco los siguientes: a/ el joven en busca del amor, b/ la transición política, c/ la amistad y complicidad literaria y vital, d/ el hospital como imagen de una sociedad en mutación, e/ la madre como referente de una sociedad patriarcal y depositaria de la tradición oral (refranes), y f/ algo había que decir sobre el libro de Cervantes.

De autobiografía tiene lo justo. Todo lo que cuento es verdad, pero es una verdad psicológica. No sé si lo que cuento pasó o simplemente me imaginé que pasaba. Pero ése, parece, es el poder que otorga la literatura.

Arturo Lorenzo
Madrid, noviembre de 2018

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