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Me propuse no volver a escribir sobre el Persiles hasta no disponer de la edición que con motivo del cuarto centenario de su publicación, le dedica la Real Academia Española de la lengua, aparecida, pues, a finales del año pasado pero que no ha llegado a mí hasta hace pocas semanas.

Tengo que decir que la lectura del Persiles de Nërlich, que comentamos en una anterior entrega, me ha dejado condicionado para siempre, creo, y que de alguna manera presentía que iba a sufrir una cierta decepción con la edición de la RAE. Y así ha sido. Vaya por delante que estamos hablando del mismo tema pero no del mismo libro. El Persiles de la RAE es, ni más ni menos, que una edición crítica y comentada del original del libro póstumo de Cervantes. El libro de Nërlich, por muy académico que sea, no deja de ser una atrevidísima interpretación fantástica del Persiles cervantino de la que estoy seguro que muchos de sus colegas estudiosos e hispanistas, abominan. El Persiles descodificado o la “Divina Comedia” de Cervantes, de Nërlich, es otro libro, no el Persiles de Cervantes.

Pero hoy toca hablar del Persiles de Cervantes en versión Real Academia Española. Seré franco: no me gusta la edición. Empecemos por la portada. La sobrecubierta en azul metálico, blanco y negro, me parece horrible. Al lado, debajo, la tapa rígida de cartón rojo y letras plateadas sólo en el lomo me parecen de una austera y suficiente dignidad. De este modo desnudo figurará en mi biblioteca.

La segunda cosa incomprensible es la mutilación del título. Ya se ha dicho por activa y por pasiva pero no hay más remedio que repetirlo: el título completo de la obra de Cervantes es “Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional”, título que, sin duda, añade algo de misterio a la percepción que intuitivamente obtiene cualquier lector avisado sobre los mensajes ocultos en esa cosa tan ardua y hermosa que es poner nombres a las cosas, máxime si es uno mismo el que las ha creado, como es en el caso de los libros. ¿Razones? Aparte de la brevedad que siempre acompaña a lo comercial, es cierto que todos nos comemos la segunda parte, a partir de la coma, pero no es menos cierto que para citar y abreviando todos decimos el Persiles, como decimos el Quijote. ¿Pero en una seria edición crítica mutilar el título sin explicaciones?, 

Hay más. El formato del libro, casi 600 páginas, de las cuales 439 son la novela (con sus notas a pie de página) y el resto aparato crítico, es incómodo. Alto, 21 cm. Fondo, 12,5 cm. Grueso, 3,5 cm. Esto hace que el libro se abra perezosamente y permanezca siempre en la actitud amenazante del que se quiere cerrar, cosa que vuelve verdaderamente incómoda la lectura. El escaso fondo, esos 12,5 cm., consiguen incluso obligar al lector a ladear la cabeza para llegar al final de la línea sin apenas margen de una página a otra.

A pesar de todas estas “virtudes menores”, el interés por descubrir nuevas interpretaciones o simplemente informaciones complementarias a lo que ya se tienen por sabido, hace que el lector se lance sobre esta nueva edición. El texto crítico, las notas a pie de página, las notas complementarias y el estudio general están a cargo de esos super-especialistas (Laura Fernández, Ignacio García Águilas, Carlos Romero Muñoz, e Isabel Lozano-Renieblas) contra los que Nërlich arremete constantemente en su inmensa monografía por su confusa, equivocada o corta interpretación de la obra. Quizá sea por eso y por una discreción intelectual al uso que, por lo que he visto, el nombre Nërlich aparece pocas veces citado y sin ánimo de polémica, muy lejos del tono del hispanista germano. También es cierto que no es esta edición el lugar idóneo para polemizar.

El libro se ofrece, como decimos, empezando por la obra de Cervantes con una sustanciosa cifra de notas a pie de página elaboradas por Ignacio García  Aguilar, como suelen llevar estas ediciones de carácter académico. Personalmente creo que estas obras clásicas no se deben leer hoy en día sin ese apoyo erudito, complementario y esclarecedor que suelen ofrecer las notas. Sin embargo, como ya me sucedió con el Quijote en la edición de Cátedra (2005), hay notas que parecen no sólo superfluas, sino ridículas. Pongo sólo dos ejemplos del Persiles nada más empezar el libro. Cervantes escribe y dice por boca de Persiles después de que le han rescatado: “Gracias os hago”. Y el erudito Ignacio García Aguilar traduce a pie de página: “Os doy las gracias”. Otro ejemplo. Dice el narrador:”…inexpertos marineros”. Traducción a pie de  página: “… aquí, poco experimentados, torpes, inhábiles”.

No todo es así, porque un poco más adelante cuando el navío descubre “que en aquel redoso del alterado mar…”, la nota del profesor G. Aguilar nos aclara que se trata de “abrigo, zona protegida del viento…”. Evidentemente muchas, muchísimas otras notas tienen mayor sustancia y contenido, y no sólo sirven de diccionario urgente. Hay muchas notas de contenido. Aún a riesgo de pecar de un didactismo que no me corresponde, aconsejaría a un primer lector del Persiles, acercarse a cuerpo limpio y despacio. Es decir, ir leyendo capítulo a capítulo y consultar después las notas en caso de desconcierto o por simple curiosidad. Creo, lo dicen los especialistas, que la prosa del Persiles es mucho más limpia, cuidada y comprensible que la del Quijote. Por eso la aproximación a cuerpo limpio no tiene por qué echar para atrás a nadie. Otra cosa es que el lector se entusiasme con la historia. Yo le recomiendo perseverar, porque a la postre el libro es fascinante, y sobre todo, insisto después de leer la interpretación de Nërlich, autor por cierto, citado en la edición de la RAE, pero nada comentado.

Pero sigamos en esta edición de la RAE para informar al lector de lo que se va a encontrar en ella. Una vez finalizado el Persiles de Cervantes, con sus notas del profesor G. Aguilar, en algo más de 50 páginas, la hispanista Isabel Lozano-Renieblas, ofrece al lector un documentado estudio sobre los aspectos principales de la obra: Composición, género, espacios y tiempos, discurso y narración y lecturas actuales, es decir, los cambios en la interpretación de la obra. El texto, demasiado académico, bajo mi punto de vista, necesariamente interpolado de referencias a autores y textos, se hace a veces enredado y la precisión y exactitud de la citas dificulta una lectura fluida. Quizá recurrir otra vez a las notas a pie de página suavizaría el recorrido por la sustancia del texto, que, interesante en muchos momentos, se adensa y enriquece en su tramo final, en el que la autora, con ese grado de supuesta objetividad que debe atribuirse a los estudiosos, termina por decir que: “quizá ahora no estemos tan lejos de que la crítica vea por fin el Persiles como la obra maestra que quiso su autor”.

Siguen treinta páginas de la cervantista Laura Fernández sobre la historia del texto de Persiles, muy interesante para quienes gustan de conocer la peripecia vital del objeto en sí, el libro, y su fortuna y crítica desde su invención a nuestros días.

Luego quedan, aparte de la bibliografía, otras 250 páginas, más o menos, de aparato crítico, en las que viene lo bueno, porque como advierte la profesora L. Fernández, están las notas ampliadas, a cargo del profesor G. Aguilar y de Carlos Romero Muñoz, el autor de las ediciones críticas de 1997 y 2002 a quien M. Nërlich sacude a lo largo de su obra de manera despiadada. Se presenta pues muy interesante este cotejo de notas del profesor Romero Muñoz frente a la furibunda interpretación anticatólica de Nërlich.

Para muestra, un botón. Nërlich abomina de todas las interpretaciones que se basan en lo que Cervantes no ha escrito pero el crítico quisiera ver escrito. En la última nota del último capítulo, para confirmar el destino católico en el país protestante que les espera, Carlos Romero Muñoz dice: “No está escrito -pero parece legítimo imaginar- que Persiles y Sigismunda llegan a la perfección de su amor y a la del cristianismo católico mediante el matrimonio canónico… “. (El subrayado es mío, claro). La bomba está servida, porque según esto, esta edición se seguiría decantando por la interpretación tradicional de un Persiles tridentino, cosa que parecía negar la profesora Lozano -Renieblas en su estudio. Habrá que leerlo todo, como siempre.

Arturo Lorenzo

Madrid, junio de 2018

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