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Tercios

Un recorrido entre historia y naturaleza

Antes de empezar a familiarizarnos con este recorrido, tramo fundamental del Camino Español o « Cammino di Fiandra », es imprescindible conocer algo del contexto ambiental del Noroeste de Italia en los siglos XVI y XVII. El entorno paisajístico de estas tierras es hoy muy diferente a como era antes de su transformación urbanística, que adquirió su máximo desarrollo durante el siglo pasado. En la actualidad, alrededor de 6 millones de personas viven en los territorios que fueron del antiguo Milanesado, es decir parte de Lombardía y Piamonte, que no coinciden con la región Lombardía de hoy. A nivel ecológico ello ha supuesto un cambio de sus ambientes, de los cultivos, de las especies vegetales y animales, particularmente en la llanura, entonces aun caracterizada en buena parte de su superficie por grandes selvas, (sobre todo de farnia = encina blanca), vastos brezales y matorrales. La red hidrográfica de esta parte del antiguo Milanesado era y es de alta densidad : los ríos Bórmida, Tánaro, Ticino y Scrivia son los cursos de agua principales junto al Po, donde desaguan casi todos los de Lombardía y Piamonte; ya durante la dominación española iban desapareciendo las grandes charcas, substituidas por acequias y canales.

El relieve de la llanura se escalona con un leve descenso general hasta los entornos de Valenza, en la orilla derecha del Po, donde empiezan las primeras alturas. Pese a urbanizaciones y bonificaciones, muchos rasgos del paisaje antiguo han sobrevivido, gracias a la abundancia de aguas y al relieve, con parajes naturales e históricos de interés.

La presente ruta atraviesa dos ecorregiones: parte de la Cuenca Padana, o sea la llanura formada por el río Po y sus afluentes, y la cordillera Appennínica lígur-piamontesa, con sus colinas y montañas. Las alturas máximas en estos macizos appennínicos alcanzan los 1.700 m.

El clima de la Cuenca Padana es templado y húmedo con precipitaciones abundantes y nieblas en la llanura en primavera y otoño, escasos son los vientos. El invierno suele ser la temporada de lluvias y nevadas; las heladas se suceden de noviembre a febrero y las temperaturas medias anuales ruedan entre los 14 °C en los llanos y los 5 °C en las alturas.

Sin embargo, tenemos constancia de un clima más frío y riguroso en la época de la dominación española, casi una pequeña era glacial , hasta mediados del siglo XVIII. Un testigo excepcional fue el gran humanista Matteo Bandello, quien supo describir en algunas de sus Novelle, la dureza de los inviernos en la Llanura Padana del siglo XVI.

Nuestro recorrido inicia en la estación de ferrocarriles Porta Génova – Trenord, cerca del Barrio Ticinese, en Milán. Aquí es posible cargar las bicicletas sobre un tren de la línea Milano –Mortara hasta las estaciones de Vigevano y/o luego Torre Beretti o Valenza (ambas últimas cerca del río Po) y finalmente Alessandria.

Castillo sforzesco de Vigevano

Castillo sforzesco de Vigevano

En la orilla oeste del río Ticino, el Castillo sforzesco de Vigevano, gracias a la facilidad de comunicaciones con Milán a través de los canales Navigli y al control que ejercía sobre el mismo río, fue escogido, a partir del siglo XV, como residencia veraniega de la Corte Ducal. Durante el periodo español dio hospedaje a una importante guarnición. En marzo de 1546 falleció aquí el Gobernador Alfonso D’Avalos, Marqués del Vasto, héroe de la batalla de Pavía, mecenas y amigo del poeta Ludovico Ariosto, que le menciona en su obra cumbre L’Orlando Furioso. Al estallar la primera epidemia de peste, en 1576, el Castillo fue refugio del Gobernador Ayamonte y de su séquito. Durante la Guerra de los Treinta Años sufrió el sitio y, durante poco tiempo, la ocupación de las tropas francesas. Esta enorme fortaleza, (cuatro veces el tamaño de Buckingam Palace en Londres) es una verdadera ciudad dentro de otra ciudad y se alza aún hoy en la zona más elevada de Vigevano. En el interior del recinto amurallado destaca el Palacio de la Falconera, con una preciosa galería en la parte alta y fachada renacentista; una sorprendente adición de las murallas es el camino cubierto sobresaltado (siglos XV-XVI), concebido para la posible fuga de los Duques y sus escoltas, largo 164 metros.

Siempre en Vigevano, donde fue Obispo, murió en 1682, uno de los personajes más interesantes de la Lombardia española, Juan Caramuel Lobkowitz, nacido en Madrid, en 1606. Monje cistercense, fue abad en Escocia y Praga, Vicario de la Orden en Inglaterra, agente del rey en Bohemia, Obispo en Maguncia y cerca de Nápoles. Filósofo, teólogo, matemático, astrónomo y arquitecto, se le atribuyen más de 200 títulos (la mayoría en latín), de los que sesenta fueron impresos. Suyo es también el proyecto de la increíble fachada cóncava de la Catedral de Vigevano, así reconstruida para reforzar la simetría de la estupenda Plaza de Bramante y De Curtis.

DONDE EL CAMINO ENCUENTRA LA “ VIA FRANCIGENA”

A partir de Vigevano, hacia el sur se inicia la comarca Lomellina, que conserva localidades ricas en castillos, casonas, palacios y arquitectura popular. Se trata de un amplio territorio casi sin relieves, cuyo paisaje de arrozales, en los días claros, está dominado por la presencia de las lejanas cordilleras alpina y appennínica. Los Tercios españoles lo recorrieron por la ruta que desde Vigevbno llevaba hasta Pieve del Cairo o viceversa, donde se encontraba uno de los principales trayectos para atravesar el Po, camino de Génova y/o de Finale Lígure o de Alejandria – Turín. Pieve del Cairo guarda dos joyas arquitectónicas: el poderoso castillo, que fue también domicilio de una guarnición española, y el arco de triunfo de la Princesa Margarita de Austria, que aquí tuvo estancia durante su viaje hacia Madrid (1598), para sus bodas con Felipe III.

Arco de la Princesa Margarita, Pieve del Cairo

Arco de la Princesa Margarita, Pieve del Cairo

En este tramo el Camino Español coincide con la “Vía Francigena”, ruta que llevaba los peregrinos del Norte de Europa hacia Roma.

Entre los conjuntos más atractivos de la comarca destacan la Abadía de San Albino, fundada por Carlomagno, luego rehabilitada en estilo románico y renacentista; Lomello (antigua capital ) con su Basílica medieval y el Baptisterio del siglo V; Scaldasole, que brinda un espléndido castillo con anexo recinto amurallado para la población, que dio hospedaje a la Princesa Isabel de Aragón, esposa del Duque Galeazzo Sforza (finales del siglo XV) y, sucesivamente, al emperador Carlos V de España y al gran humanista y escritor italiano Matteo Bandello.

Al otro lado del Po, el mismo río y sus inmediaciones, bosques ribereños, colinas y arbustales, se encuentran en un vasto Parque natural que abarca casi todo el tramo piamontés del curso fluvial; se trata de un extenso espacio protegido apartado de las rutas convencionales, donde abundan las aves.

Vicente Espinel, escritor y músico español (Ronda, Andalucía, 1550 – Madrid, 1624), en su novela picaresca ”Marcos de Obregón”, narra su desafortunado pasaje del Po en esos mismos entornos: “Y habiendo esperado el barco para pasar el río Po, río caudalosísimo después de haberse sorbido al Tánar, entramos en él con unas pobres peregrinas , y al medio del río sucedió que por la corriente del Tánar venía una aceña o molino (flotante) de aquellos que le debía haber faltado el fundamento y encontrose de manera con nuestro barco que dio con él patas arriba.”

Pasado el río, la ruta nos lleva a la población de Sale, que en su casco antiguo guarda una bella iglesia medieval con frescos del siglo XVI. A partir de aquí seguimos una carretera a mano derecha hasta la entrañable localidad de Pióvera, donde la herencia medieval y la arquitectura popular se entremezclan; conserva además un castillo entre los más representativos de toda la región, de origen muy antigua (siglo IX), que fue transformado en fortaleza por los Duques milaneses Visconti; en el siglo XVI el fuerte y sus inmediaciones pasaron en feudo a nobles familias españolas: De Santez, y sucesivamente Guzmán y Homodei. Éstas lo transformaron en una magnífica residencia manierista y barroca, con bellos patios, galerías, jardines y caballerizas, tal como hoy aun se ve. Franceses y saboyanos lograron ocuparlo y saquearlo en 1653; sin embargo, a los pocos días, fue reconquistado por tropas españolas y genovesas.

Castillo de Pióvera

Castillo de Pióvera

Retomando el trayecto hacia sur, a los pocos kilómetros cruzaremos el puente sobre el río Tánaro, afluente del Po, para llegar al pie de las colinas del Monferrato, subiendo luego en dirección a Montecastello, típica aldea de colina en cuya parte más alta sobresale el castillo de origen medieval reconstruido en los siglos XVII y XVIII; cuenta con un alta torre de vigía, desde la cual la guarnición enviaba señales mediante hogueras y heliógrafos. Se halla en posición estratégica, ofreciendo preciosas panorámicas sobre el río Tánaro, la cuenca padana y las cordilleras alpina y appennínica. Durante la época española fue baluarte del Milanesado contra las tropas francesas y de Saboya. La Guerra de los Treinta Años, hizo del Monferrato un teatro de episodios bélicos entre los más cruentos. Por espacio de unos decenios, las huestes francesas, saboyanas e hispano-imperiales sembraron fuego, sangre, terror y pestilencias en este territorio del Sur Piamonte. De aquí el Camino Español prosigue hacia Alessandria (Alejandria de la Palla), que guarda un precioso conjunto de arquitectura militar del siglo XVIII, la Ciudadela, a orillas del río Tánaro. Esta ciudad fue sede de un importante guarnición española a partir del siglo XVI:

Habiendo pasado arboledas, sierras y barrancos dificultosos, me hallé en Alejandria de la Palla entre soldados españoles que metían la guarda a don Rodrigo de Toledo, gobernador della.” (Vicente Espinel, o.c.)

También Miguel de Cervantes menciona la ciudad en el capítulo XXXIX del Quijote: ”Embárqueme en Alicante, llegué con próspero viaje a Génova, fui desde allí a Milán, donde me acomodé de armas y de algunas galas de soldado, de donde quise ir a sentar mi plaza al Piamonte, y estando de camino para Alejandria de la Palla, tuve nuevas que el gran Duque de Alba pasaba a Flandes.”

SUBIENDO POR VALLES Y ALTURAS DEL ALTO MONFERRATO

Como sabemos, el Camino de los Tercios prosiguió luego por Asti, Turín, Susa y los puertos alpinos. En la estación de ferrocarriles de Alessandria es posible tomar el tren con dirección a Acqui Terme y Savona (costa lígur), remontando el atractivo valle del río Bormida.

Para recorrer el mismo camino en bicicleta o en coche, tomaremos la ruta en dirección al sur y, a unos 20 km. de Alessandria, llegaremos a Cassine, cuyo casco histórico, que se eleva en la colina, es una auténtica joya arquitectónica. Conserva parte de su recinto amurallado y un núcleo urbano, el barrio “Guglioglio” que guarda numerosos restos de su pasado medieval y renacentista con un entrañable trazado de calles estrechas y escaleras, donde, callejeando, se pueden ver numerosos caserones, iglesias y palacios, entre los que destacan Palazzo Pietrasanta y sobre todo Palazzo Zoppi; en su interior muy atractivas son unas pinturas al fresco del siglo XV, con escenas de caza y juegos de la época. Entre las bellas iglesias merece una visita el Monasterio de San Francesco (siglos XIII y XIV, rehabilitaciones del XVII) con dos torres campanarios, frescos del siglo XIII, ancho claustro y una estupenda fachada en ladrillo, con portada gótica.

Este convento-iglesia se encuentra en la monumental plaza Vittorio Veneto, que, casi como un balcón, se asoma a un profundo barranco, con vista sobre el valle del río Bórmida y las aldeas y castillos de las alturas opuestas. Cassine fue importante localidad de frontera, baluarte del Milanesado que aquí limitaba con el Monferrato y la República de Génova (territorio del Oltregiogo Lígur).

Cassine, Iglesia de San Francesco

Cassine, Iglesia de San Francesco

A partir del año 1483 hasta el 1488, aquí residió, al séquito de su tío materno Bartolomeo Ranzo, juez de la ciudad, Mercurino Arborio di Gattinara, futuro Gran Canciller (de 1518 a 1530) del Emperador Carlos V y afamado humanista.

La ruta continúa hacia Acqui Terme (interesante conjunto monumental, con catedral, castillo y balneario; allende el río Bórmida llamativos son los vestigios del acueducto romano) y prosiguiendo después de Acqui por el puente sobre el río Bórmida, subiendo finalmente a mano izquierda al segundo cruce, colinas arriba, dirigiéndonos hacia Ponzone.

Entre los numerosos lugares Monferrinos, pocos son an legendarios como Ponzone, importante escala en el Camino de los Tercios hacia Finale Ligure así como de la “Vía del Sale”, ruta que unía la cercana costa lígur a los poblados de las colinas y del Valle Padano. Tendido sobre un cerro aislado a unos 700 m., en rara posición geográfica que disfruta de la segunda vista panorámica de Italia, Ponzone brinda el impresionante y más amplio espectáculo de la cordillera Alpina y de las verdísimas alturas appennínicas huyendo hacia el mar, cuya presencia se adivina en la particular claridad del cielo. Citada por primera vez en las crónicas del año 967, esta población fue corte y pequeña capital de los Marqueses Aleramo – Del Carretto, luego dominio de los Paleólogos de Constantinopla y los Gonzaga; su casco antiguo, encaramado sobre el cerro, mereció el apodo de “Nínive Alerámica” gracias al recinto amurallado que lo rodeaba, al relieve vertical de su pared oeste y a su castillo que, como las murallas, fue derribado en 1646 durante una sangrienta batalla entre franceses e hispano-imperiales (en este caso tropas españolas y napolitanas). La gran belleza de los escenarios ponzoneses inspiró al trobador provenzal Rambaldo de Vaqueiras y a los novelistas italianos Giovanni Boccaccio y Matteo Bandello.

Ponzone, Panorámica de las cordilleras

Ponzone, Panorámica de las cordilleras

De nuevo en carretera nos dirigimos hacia sur; a los pocos kilómetros del pueblo de Cimaferle, empiezan algunas de las formaciones rocosas más particulares de Italia y Europa, los oriolitos, testimonios de eras prehistóricas muy antiguas. Esas rocas coloradas conforman un paisaje espectacular de gran belleza, a veces pelado o cubierto por una rica mancha pseudo-mediterránea y pinares. Antes de llegar al pueblo de Piancastagna, merece la pena coger una pequeña carretera que sube a la izquierda y alcanzar el Parque Faunístico del Appennino y desviarse después de la finca Cascina Tiole por una pista en buen estado que conduce al Bric (Pico) dei Gorrei en un itinerario que bordea parajes de gran belleza, con profundos cañones. Frecuente es el encuentro con ardillas, corzos y aves rapaces.

Volviendo luego a la carretera principal, cerca del cementerio de la misma aldea es posible tomar una senda por donde se llega a la Hoz del Río Miseria, entre conjuntos de rocas ofiolíticas a menudo alineadas, formando paredes verticales. El riachuelo se descuelga en cascadas , oquedades y estanques, ofrecendo rincones espectaculares. Se trata de un espacio natural LIC (Lugar de Importancia Comunitaria), cuya protección está garantizada por la Unión Europea.

panorámica del Mar Lígur

El “Finis Terrae” de este itinerario se encuentra a unos 12 km. de Piancastagna, subiendo al macizo del Beigua (tomando dirección hacia Alberola), estupendo Parque Natural que abarca las dos vertientes, continental y mediterránea. Alcanzando por una estrecha carretera el llano de Pratorotondo (Prado redondo) con su refugio, a 1100 m. de altitud, disfrutaremos de la impresionante panorámica del Mar Lígur, tan sólo 4 kilómetros lejos, hasta las costas de Toscana y Francia y, en los días más claros, de la lejana isla de Córcega que parece navegar a nuestra vuelta. El Parque, protegido por la UNESCO, gracias a su patrimonio geológico (oriolitos) y natural, guarda una excepcional riqueza botánica y una fauna avícola singular, sobre todo en tiempo de migraciones: águila real y culebrera se encuentran aquí con las raras gaviotas de Audouin, águila pescadora, buho real, pito negro y mirlo acuático.

Y, para finalizar este itinerario, dejamos una vez más la palabra al narrador que ya ha sido nuestro acompañante a lo largo de este viaje virtual al séquito de los Tercios de Flandes : “ … y aviándome para Milán, subí por aquellas montañas de Génova, tan ásperas y encumbradas como las de Ronda.” (Vicente Espinel, o.c.)

Nando Pozzoni

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