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Don quijote cabalga de nuevo (1972)

El argumento de Don Quijote cabalga de nuevo suscitó bastante interés en la crítica. Las versiones previas de la novela, que a lo largo del siglo  xx lucharon entre el estilo fiel, culterano, y la llaneza cómica, no influyeron en la línea seguida por el guionista Carlos Blanco. Consciente de las artificiosidades del lenguaje literario, Blanco entendió que no era posible recortar satisfactoriamente los diálogos del libro. A su modo de ver, la palabra cervantina sólo retiene un pleno valor estético cuando es leída con reposo. De ahí que la arquitectura de este nuevo filme creciera sobre una planta original: distinta de la novela, autónoma en su desarrollo y novedosa en las cavilaciones propuestas. Embebido en la esencia barroca, el Quijote de Blanco propone una aventura alternativa que nos lleva a prescindir de la comparación. Si acaso, hemos de parangonarla con el atrevido empeño de Avellaneda o con esa novela quijotesca que, más recientemente, fabricó Andrés Trapiello.

Don quijote cabalga de nuevo (cartel)Cuando se ilumina la pantalla, descubrimos a don Quijote y Sancho en el paisaje manchego. El caballero cree que un veloz carruaje lleva secuestrada a una princesa. Lanza en ristre, se lanza contra el vehículo y libera a la dama: en realidad, un reseco notario madrileño. El público asiste luego a una peripecia en la venta de El Zurdo, donde imponen su juego unos cómicos de la legua. Más tarde, se escenifican la oscura broma de los duques, el gobierno de Sancho en Barataria y el empeño de Sansón Carrasco en volver cuerdo al viejo hidalgo. He aquí otro apunte de originalidad: es Sancho quien, finalmente, mantiene a don Quijote en su delirio, pues sabe que esa es la mejor forma de proteger las emociones y los anhelos del caballero. Juntos, convencidos de que el sueño encierra la mayor de las verdades, vuelven a cabalgar por ese camino que es toda una promesa de aventuras.

[youtube https://youtu.be/zFogoa5ZrSs]

En términos generales, este largometraje del mexicano Gavaldón es un digno espectáculo, bien llevado en su técnica y apreciable en lo interpretativo. Fernando Fernán Gómez teatraliza su Quijote y recarga esa vena histriónica que conviene a su interpretación. En contraste, el gran Mario Moreno Cantinflas opta por el naturalismo, y es grato que modere sus visajes y picardías de pelado en beneficio de esa ingenua sentimentalidad que caracteriza a su personificación de Sancho. Con todo, el mérito mayor corresponde al director, perfeccionista y capaz de repetir una toma hasta lograr un impecable acabado. De él dijo Ariel Zúñiga lo siguiente: «El arte de Gavaldón es esencialmente el de la repetición».

Poco antes, en 1969, Cantinflas rodó Un Quijote sin Mancha (1969), comedia de Miguel M. Delgado en la que también participaban Ángel Garasa y Lupita Ferrer. En este caso, el quijotismo se planteaba como la cualidad de un benefactor abogado, empeñado en mejorar la vida de sus semejantes.

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