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“DE LO QUE PASÓ DON QUIJOTE CON SU ESCUDERO,
CON OTROS SUCESOS FAMOSÍSIMOS”

En el que estuvieron encerrados don Quijote y Sancho, pasaron las razones que con mucha puntualidad y verdadera relación cuenta la historia.
Dijo Sancho a su amo:
—Señor, ya yo tengo relucida a mi mujer a que me deje ir con vuestra merced adonde quisiere llevarme.
Reducida has de decir, Sancho —dijo don Quijote—, que no relucida.
—Una o dos veces —respondió Sancho—, si mal no me acuerdo, he suplicado a vuestra merced que no me emiende los vocablos, si es que entiende lo que quiero decir en ellos, y que cuando no los entienda, diga: «Sancho, o diablo, no te entiendo»; y si yo no me declarare, entonces podrá emendarme; que yo soy tan fócil…
—No te entiendo, Sancho —dijo luego don Quijote—, pues no sé qué quiere decir soy tan fócil.
Tan fócil quiere decir —respondió Sancho— «soy tan así».
—Menos te entiendo agora —replicó don Quijote.
—Pues si no me puede entender —respondió Sancho—, no sé cómo lo diga: no sé más, y Dios sea conmigo.
—Ya, ya caigo —respondió don Quijote— en ello: tú quieres decir que eres tan dócil, blando y mañero que tomarás lo que yo te dijere y pasarás por lo que te enseñare.
—Apostaré yo —dijo Sancho— que desde el emprincipio me caló y me entendió, sino que quiso turbarme por oírme decir otras docientas patochadas.
—Podrá ser —replicó don Quijote—. Y en efecto, ¿qué dice Teresa? —Teresa dice —dijo Sancho— que ate bien mi dedo con vuestra merced, y que hablen cartas y callen barbas, porque quien desta ja no baraja, pues más vale un toma que dos te daré. Y yo digo que el consejo de la mujer es poco, y el que no le toma es loco.
—Y yo lo digo también —respondió don Quijote—. Decid, Sancho amigo; pasá adelante, que habláis hoy de perlas.

(Pasaje de: Miguel de Cervantes Saavedra. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha., edición de Florencio Sevilla Arroyo, parte II capítulo 7)

Notas:
El texto de Miguel de Cervantes está en formado regular y en formado cursivo los comentarios.

[42] Hasta tiempos muy recientes, los huevos han sido un manjar muy apreciado y utilizado como reconstituyente para los enfermos. El ama exagera en el número para ponderar lo mucho que ha cuidado a don Quijote.
[43] Como enseguida se dirá, la oración de santa Polonia se rezaba para remediar el dolor de muelas. Sansón Carrasco pide al ama que le prepare una buena comida y bromea para indicar que va a comer tanto que será necesario rezar a la santa para que sus muelas resistan sin problemas el esfuerzo.
[44] Se sobrentiende dolor.
[45] Sancho confunde rata («parte proporcional») con gata; el error tiene connotaciones humorísticas porque gato significa «ladrón».
[46] bene quidem: muy bien.
[47] En efecto, en la Segunda parte y tercera salida de don Quijote, el caballero no usará el yelmo de Mambrino o bacía de barbero, sino la celada que le facilita Sansón Carrasco. En ella meterá Sancho los requesones en II, cap. 17.

Comentario del capítulo:

Si en el Capitulo anterior Don Quijote nos hacía un discurso filosófico sobre la virtud, manteniendo que su práctica es el único modo que tiene un pobre de hacer ver que es un caballero, en este que nos ocupa vamos a poder saborear el humor cervantino a través del lenguaje puramente quijotesco. Durante la discusión entre el Hidalgo y su escudero sobre el salario que debe cobrar este último por ponerse a la merced de don Quijote, asistimos a una verdadera batalla lingüística en la que el arma elegida por ambos contendientes es el refrán. Sancho suele dispararlos siempre para argumentar aunque esta vez don Quijote que no duda en responder a su escudero con el mismo cargamento.

Recordemos que al final del anterior Capitulo  Sancho acudía a los aposentos de su Señor para tramar algo. El ama que a escondidas lo ve entrar y cerrar la puerta tras de sí  corre a pedir ayuda al bachiller Sansón Carrasco ya que da por hecho que su señor va a salir por tercera vez, lo cual considera un auténtico acto de locura, pero Carrasco le presta poca atención diciendo lo que sigue: —Pues no tenga pena —respondió el bachiller—, sino váyase en hora buena a su casa, y téngame aderezado de almorzar alguna cosa caliente, y de camino, vaya rezando la oración de santa Apolonia, si es que la sabe, que yo iré luego allá, y verá maravillas [43].

—¡Cuitada de mí! —replicó el ama—. ¿La oración de santa Apolonia dice vuestra merced que rece? Eso fuera si mi amo lo hubiera [44] de las muelas, pero no lo ha sino de los cascos.

—Yo sé lo que digo, señora ama: váyase y no se ponga a disputar conmigo, pues sabe que soy bachiller por Salamanca, que no hay más que bachillear —respondió Carrasco.

Tras el intento fallido el ama va a buscar al cura aunque Cervantes nos dice que sabremos en su tiempo lo que pasará durante este encuentro. Justo aquí es donde empieza el extracto que he elegido. 

La discusión se inicia por una observación que Don Quijote hace a Sancho por haberse equivocado utilizando la palabra relucida en lugar de reducida refiriéndose a que ya tiene relucida a su mujer a que me deje ir con vuestra merced adonde quisiere llevarme.

En respuesta Sancho recuerda a Don Quijote que prefiere que no se le corrija cuando se lo entiende, y argumentando sus motivos comete otro error diciendo yo soy tan fósil, lo que permite a Don Quijote burlarse nuevamente de él haciéndole ver que lo que Sancho quiere decir que es tan dócil y no tan fácil. Sancho piensa que en realidad su maestro lo ha entendido desde el principio pero que quiere turbarlo. Cuando Don Quijote le pregunta: ¿qué dice Teresa? —Teresa dice —dijo Sancho— que ate bien mi dedo con vuestra merced, y que hablen cartas y callen barbas, porque quien desta (de esta) ja no baraja, pues más vale un toma que dos te daré. Y yo digo que el consejo de la mujer es poco, y el que no le toma es loco. Y aquí empieza el duelo de refranes.

—Y yo lo digo también —respondió don Quijote—. Decid, Sancho amigo; pasá adelante, que habláis hoy de perlas.”

Sancho sigue utilizando muchos refranes, uno más sabio que el otro, para decir que todos estamos sujetos a la muerte, y que prefiere cobrar ahora un salario, el que sea, añadiendo: que sobre un huevo pone la gallina, y muchos pocos hacen un mucho, y mientras se gana algo, no se pierde nada. Verdad sea que si sucediese, lo cual ni lo creo ni lo espero, que vuesa merced me diese la ínsula que me tiene prometida, no soy tan ingrato ni llevo las cosas tan por los cabos que no querré que se aprecie lo que montare la renta de la tal ínsula y se descuente de mi salario gata por cantidad [45].

—Sancho amigo —respondió don Quijote—, a las veces, tan buena suele ser una gata como una rata.

Sancho le dice de nuevo que no importan sus errores visto que don Quijote lo ha entendido bien, lo que confirma él diciendo: que he penetrado lo último de tus pensamientos y sé al blanco que tiras con las innumerables saetas de tus refranes. Después argumenta que no es costumbre de los caballeros andantes pagar un salario, nunca ha encontrado en todos los libros que ha leído huellas de una tal modo de proceder, más bien al contrario, le podrá regalar una isla o algo similar cuando la suerte se lo permita. Si esto Sancho no puede aceptarlo hab otros escuderos que lo puedan servir:

Así que, Sancho mío, volveos a vuestra casa y declarad a vuestra Teresa mi intención; y si ella gustare y vos gustáredes de estar a merced conmigo, bene quidem [46]; y si no, tan amigos como de antes; que si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas. Y advertid, hijo, que vale más buena esperanza que ruin posesión, y buena queja que mala paga. Hablo de esta manera, Sancho, por daros a entender que tan bien como vos sé yo arrojar refranes como llovidos.

En el resto del capítulo el bachiller Carrasco insiste para que se parta aunque  tenga  que hacer él mismo de escudero a don Quijote, insistencia que este último utiliza para hacer ver a Sancho que no faltan escuderos que lo acompañen. Aquí es cuando Sancho se rinde excusándose además por haber pedido un adelanto de su salario:

si me he puesto en cuentas de tanto más cuanto acerca de mi salario, ha sido por complacer a mi mujer, la cual, cuando toma la mano a persuadir una cosa, no hay mazo que tanto apriete los aros de una cuba como ella aprieta a que se haga lo que quiere; pero, en efeto, el hombre ha de ser hombre, y la mujer, mujer; y pues yo soy hombre dondequiera, que no lo puedo negar, también lo quiero ser en mi casa, pese a quien pesare.

Finalmente don Quijote y Sancho se abrazan y hacen las paces. Deciden, con  la aprobación del bachiller, partir dentro de tres días y se apresuran a preparar todo lo necesario. Carrasco se encarga de traer para el Caballero una celada de encaje, esta vez no usará la bacía de barbero como casco.

Tres días después habiendo aplacado Sancho a su mujer, y don Quijote a su sobrina y a su ama, al anochecer, sin que nadie lo viese, sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso, don Quijote sobre su buen Rocinante y Sancho sobre su antiguo rucio.

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