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“DEL RIDÍCULO RAZONAMIENTO QUE PASÓ
ENTRE DON QUIJOTE, SANCHO PANZA
Y EL BACHILLER SANSÓN CARRASCO”

Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran socarrón, de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendría hasta veinte y cuatro años, carirredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de condición maliciosa y amigo de donaires y de burlas, como lo mostró, en viendo a don Quijote, poniéndose delante de él de rodillas, diciéndole:

—Deme vuestra grandeza las manos, señor don Quijote de la Mancha; que por el hábito de San Pedro que visto, aunque no tengo otras órdenes que las cuatro primeras[19], que es vuestra merced uno de los más famosos caballeros andantes que ha habido, ni aun habrá, en toda la redondez de la tierra. Bien haya Cide Hamete Benengeli, que la historia de vuestras grandezas dejó escritas [20], y rebién haya el curioso que tuvo cuidado de hacerlas traducir de arábigo en nuestro vulgar castellano, para universal entretenimiento de las gentes.

Hízole levantar don Quijote, y dijo:
—De esa manera, ¿verdad es que hay historia mía, y que fue moro y sabio el que la compuso?
—Es tan verdad, señor —dijo Sansón—, que tengo para mí que el día de hoy están impresos más de doce mil libros de la tal historia; si no, dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso; y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes, y a mí se me trasluce que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga [21].

—Eso no —respondió Sansón—, porque es tan clara que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: «allí va Rocinante». Y los que más se han dado a su letura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote; unos le toman si otros le dejan; estos le embisten y aquellos le piden. Finalmente, la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda ella no se descubre, ni por semejas, una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico.

(Pasaje de: Miguel de Cervantes Saavedra. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha., edición de Florencio Sevilla Arroyo, parte II capítulo 3)

Notas:

El texto de Miguel de Cervantes está en formado regular y en formado cursivo los comentarios.

[19] Para dar fuerza a sus palabras, Sansón Carrasco alude a su condición de clérigo, aunque de órdenes menores (solo tiene las cuatro primeras, previas al sacerdocio), y jura por el hábito de San Pedro (sotana, manteo y bonete negro), que usaban tanto los religiosos como los estudiantes universitarios.
[20] Hay un pequeño anacoluto en este texto. En buena lógica gramatical, escritas debería concordar con historia y aparecer en singular. Cervantes prefirió la concordancia ad sensum con vuestras grandezas.
[21] En el momento en que ve la luz esta Segunda parte del Quijote, la Primera está publicada, entre otros lugares, en Lisboa y Valencia, pero todavía no han aparecido las ediciones de Barcelona y Amberes; sí dos de Bruselas. En 1612 ya se había traducido al inglés y al francés.
[22] El refrán completo dice: «De paja y de heno mi vientre lleno».
[23] Se refiere a Alfonso de Madrigal, el Tostado (1400?-1455), obispo de Ávila, representación antonomásica del intelectual prolífico.
[24] Quizá haya en este pasaje una velada crítica a la fecundidad literaria de Lope.
[25] Máxima de Plinio el Joven convertida en cita tópica; la vemos también en el prólogo del Lazarillo de Tormes.
[26] Es cita del verso 359 de la Epístola a los Pisones de Horacio, ligeramente modificado: «alguna vez dormita el bueno de Homero».
[27] Se trata de una cita muy repetida del Eclesiastés (I, 15): «el número de los necios es infinito».

Comentario del pasaje:

En el capítulo anterior Don quijote está esperando conocer al Bachiller Sansón Carrasco. A Don Quijote le preocupa que su autor, Cide Hamete Berengeli, no le haya tratado bien, que no haya contado su verdadera  historia engrandeciéndola o, al contrario, aniquilándola. Le da miedo que Cide sea un moro sobre los cuales tiene una opinión poco positiva: “todos son embelecadores, falsarios y quimeristas”. Se pregunta si ha tratado sus amores con alguna indecencia perjudicando la honestidad de su señora Dulcinea del Toboso.

La Verdad que todo historiador debe relatar es, en definitiva, el tema principal de este capítulo. Pese a que el título hable de ridículo razonamiento, en mi opinión es una interesante crítica por parte de los propios protagonistas, de lo que, en realidad, es una novela. Nos encontramos así ante un autor que no duda en alabar su propia fama y en valorar la calidad de su escritura sin dejar de aludir a los defectos de los demás, en particular de la fecundidad literaria de Lope de Vega.

Lo hace a través de esta conversación entre Don Quijote, Sancho y el Bachiller. Este último viene antes descrito con una pincelada maravillosa de Cervantes que he reproducido al principio del extracto elegido. Es un personaje joven y muy socarrón, pero también malicioso y que hace donaire de todo. 

Miguel de Cervantes en esa época era ya famoso, se había publicado multitud de ejemplares de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” en numerosas ciudades, llegando hasta Amberes, y lo habían traducido en diferentes idiomas. De esto es de lo que nos informa este extracto. A lo largo de la conversación del Bachiller con Don Quijote y Sancho, que pregunta insistentemente si también él es considerado como un personaje importante, nos da a conocer los gustos del público. A Don Quijote, que se preocupa por un estilo demasiado alambicado, Sansón Carrasco lo tranquiliza hablándole de su historia publicada: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran.

Cervantes aprovecha también la ocasión para criticarse a sí mismo, haciendo decir al bachiller que la historia tiene un fallo y es que su autor puso en ella una novela intitulada El curioso impertinente, no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote. De hecho sabemos que Cervantes en la segunda parte evitará hacer este tipo de inserciones ajenas a la novela principal.

Por último, el Bachiller les relata todas las preguntas que se hace la gente como por ejemplo lo que Sancho hizo de aquellos cien escudos que halló en la maleta en Sierra Morena. De este modo se crea de nuevo un puente para el próximo capitulo. Sancho promete desvelarnos lo que no relató Cide pero no en ese momento, que tiene una hambre… hambre que describe con su magnífico lenguaje colorido:

—Yo, señor Sansón, no estoy ahora para ponerme en cuentas ni cuentos; que me ha tomado un desmayo de estómago que, si no le reparo con dos tragos de lo añejo, me pondrá en la espina de santa Lucía. En casa lo tengo, mi oíslo me aguarda; en acabando de comer, daré la vuelta y satisfaré a vuestra merced y a todo el mundo de lo que preguntar quisieren, así de la pérdida del jumento como del gasto de los cien escudos.

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