Etiquetas

, , , , , ,

“DE LA EXTRAÑA AVENTURA QUE LE SUCEDIÓ AL VALEROSO DON QUIJOTE CON EL CARRO O CARRETA DE LAS CORTES DE LA MUERTE”

Pensativo además iba don Quijote por su camino adelante, considerando la mala burla que le habían hecho los encantadores volviendo a su señora Dulcinea en la mala figura de la aldeana, y no imaginaba qué remedio tendría para volverla a su ser primero; y estos pensamientos le llevaban tan fuera de sí que, sin sentirlo, soltó las riendas a Rocinante, el cual, sintiendo la libertad que se le daba, a cada paso se detenía a pacer la verde yerba de que aquellos campos abundaban. De su embelesamiento le volvió Sancho Panza, diciéndole:

—Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuestra merced se reporte y vuelva en sí, y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué descaecimiento es este? ¿Estamos aquí o en Francia? Mas que se lleve Satanás a cuantas Dulcineas hay en el mundo, pues vale más la salud de un solo caballero andante que todos los encantos y transformaciones de la tierra.

(Pasaje de: Miguel de Cervantes Saavedra. “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.”, edición de Florencio Sevilla Arroyo, parte II capítulo 11 dos primeros párrafos)

Comentario del pasaje:

Antes que nada debemos contextualizar el pasaje. Espacialmente el “camino adelante” se refiere al camino que les conducirá hasta Zaragoza para asistir a las fiestas que todos los años se celebran en esa ciudad.

El hecho de que Don Quijote esté pensativo se debe a lo ocurrido en el capítulo precedente en el que Sancho concibe un plan para cumplir la misión que le ha encargado su amo, es decir, ir en busca de Dulcinea. Misión que el escudero da por imposible, ya que Dulcinea existe solo en mente loca del caballero andante. Sancho pretende hacer creer a su señor tres labradoras que ve de lejos son Dulcinea y sus dos sirvientas. Las mujeres, al oír las alabanzas que don Quijote les dirige salen corriendo escapando del caballero y de su escudero.  Inmediatamente le echan la culpa  a los encantadores que son siempre los que  privan a don Quijote de poder contemplar la belleza de su amada, Dulcinea. 

En este inicio del capítulo se puede saborear toda la poesía de un diálogo quijotesco entre el indefectible y romántico soñador que es el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y el pragmático sabio popular que es su simpático escudero Sancho Panza.  

Anuncios